Mónica Suárez

Fecha: 2020-09-20


Gratitud

El sentimiento es indisociable al ser humano.

Primero aparece el estímulo, que nos hace reaccionar de una u otra manera. Al valorar esa reacción, aparece alguna emoción como la tristeza, la ira o el miedo, la sorpresa o la alegría.

En ocasiones, una emoción prolongada deriva hacia un profundo sentimiento. Y esta, es mi vivencia personal en EMPRENTOPIA.


Tristeza

Por muy incomprensible que parezca, todas y cada una de las emociones tienen su razón de ser y cumplen un objetivo fisiológico y psicológico, dentro de nuestro día a día. Por esta razón, ninguna de ellas debe ser calificada como “negativa” o “mala”. Las llamaremos sencillamente, con permiso de los eruditos, como “no positivas”. Es el caso de mi tristeza.

Por convicción, desde muy temprana edad, tenía clara mi orientación profesional. Quería dedicarme al mundo empresarial, crear y dirigir mis empresas, tantas como fuera posible. Con esa finalidad me licencié en Administración y Dirección de Empresas. Tenía mi objetivo claro.


Finalizada la etapa universitaria y con el título bajo el brazo, todas mis ilusiones fueron cayendo una a una. Quería ser empresaria, generar riqueza en la sociedad en la que vivía y crear muchos puestos de trabajo pero no sabía por donde tenía que empezar a construir mi sueño y lo que es peor, no encontré a nadie que me indicara el camino a seguir para ello.



Ira

Este fue un punto de inflexión y llena de ira por la frustración, decidí cambiar el camino, pero nunca el objetivo. Mi planteamiento fue sencillo: “aprenderé de los profesionales con los que trabaje, conoceré diversos sectores para enriquecer mi conocimiento de los mercados, seguiré formándome como profesional y esperaré el momento oportuno para emprender”.


Miedo

Después de 20 años en el mercado laboral, había cumplido todas las cláusulas del contrato conmigo misma, excepto una, seguía anclada en mi puesto de responsable, donde la zona de confort me permitía vivir sin sobresaltos profesionales ni personales. Debo ser franca, romper con ello me producía un miedo atroz y una inseguridad capaz de hacerme olvidar mi más ansiado sueño, emprender en mi propio proyecto.


Sorpresa

En ocasiones, las sorpresas no son agradables, ¿verdad? Este no es el caso, todo lo contrario. Ocurrió que cuando menos lo esperaba, la vida puso en mi camino a tres mujeres maravillosas. Sus nombres, Lola, Rut y Carolina. Sí, mis socias.

 

Alegría

La sorpresa se convirtió en alegría cuando después de compartir tantas horas en el MBA en el que nos conocimos, pudimos comprobar que teníamos valores, principios y un ideal común. Todo ello dio paso al planteamiento de un proyecto empresarial que nos permitiría ofrecer esa formación, asesoramiento y tutorización, del que en su día yo carecí y me generó tanta frustración y tristeza.


Pues sí, llegó el ansiado momento. Llegó el momento de emprender tendiendo la mano para que otros, cuando lo crean conveniente, puedan hacerlo.


Así es como todas estas emociones que viví en etapas anteriores, hoy se han convertido en un sentimiento de GRATITUD.

Es este sentimiento el que me obliga a poner sobre el papel esta realidad que deja latente la escasa atención a la formación orientada al emprendimiento para nuestros pequeños.


Y por ello, con la máxima ilusión posible, espero que EMPRENTOPÍA tienda muchas manos.


Un abrazo,

Mónica 




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